La otra vez no fui quien estaba acostumbrado a ser (siempre que escribo “a ser” me dan ganas de escribir “hacer”), hoy fui más allá, hice algo que me daba miedo, me da, algo que siempre me había costado mucho trabajo y lo logré, estoy muy orgulloso de mí mismo, pero mucho.
Lo que más gusto me da, es saber que pude lograr uno de mis ocho propósitos de año nuevo apenas en la primera semana del año (los otros cuatro los ocupé en concentrarme para no ahogarme con las uvas) (en serio), fue muy bueno descubrir que pensar que tengo que hacer lo que me da miedo hacer, me da más miedo que hacer lo que me da miedo hacer (siempre que escribo “hacer” ni siquiera pienso en escribir “a ser”).
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